Meritocracia
Te elegimos porque sos la mejor. Ahora guarda silencio. (Serie Empresas de Cuento #2)
Miércoles en la mañana. Cálido. Sol. Ruido de ciudad atenuado por el doble vidrio de la ventana del balcón modificado, que daba a un corazón de manzana típico de Buenos Aires.
—¿Hola?
—Sí… ¿hola?
—¿Se escucha?
—Sí, sí… ahora sí.
—Perdón que no encienda la cámara, pero es que tengo mala internet hoy.
Natalia se miraba en el espejo negro brillante de su monitor, con los matices de la luz del sol de la mañana que se colaba por el balcón. Su balcón interno del quinto piso no era muy luminoso, excepto en las mañanas de otoño, donde el sol le apuntaba como el láser de Darth Vader. El sol otoñal de la mañana en Buenos Aires es rasante y cálido: entra en ángulo bajo y puede cruzar toda una sala si la ventana está bien orientada. Muy distinto al sol de verano, que cae casi vertical. Ella apuntaba al noroeste, como su ventana.
Nunca tuvo mala internet. De hecho se la daba la empresa. Lo que tenía era —lo que ella pensaba que era— mala cara para la cámara. Flojera de mostrar la cara de sus treinta y nueve recién cumplidos y una noche de no muy buen sueño.
—¡No me vas a hacer tener la charla de evaluación de desempeño con la cámara apagada! —dijo Carlos, el nuevo jefe, que había reemplazado a Carlos, el antiguo jefe. No era requisito, pero los Carlos entre los de cincuenta y pocos son frecuentes.
—No, no… dejame probar… un minuto, a ver…
Natalia encendió y apagó la cámara voluntariamente, simulando mala conexión. Se sintió infantil mientras lo hacía. La dejó un momento sin conectar, se acomodó el pelo con un rodete improvisado con su lápiz de grafito blando y, finalmente, dejó ver su cara: sus ojos casi verdes, casi marrones; sus lentes nuevos de trabajo; su blusa negra que cuidadosamente vestía por si esto pasaba.
Sus piernas no se veían, pero estaba en pijama rojo.
—Bueno, la verdad que es un placer volver a conversar con vos. Desde que se fue Carlos, no tuve la chance de que hablemos más que la primera reunión de presentación —dijo Carlos, acomodándose en la silla, como si eso se notara del otro lado.
—Sí… qué bueno que podamos hablar ahora —respondió Natalia—. Es una pena que lo hagamos después de… o que lo hagamos para la evaluación de desempeño. Si hubiéramos tenido un rato antes, quizás yo llegaba con menos nervios.
—No te preocupes, no hace falta prepararse para nada —dijo él rápido— lo que sí quiero aclararte, y acá te pido una disculpa, es que no tuve chance de hablar con el otro Carlos acerca de cómo había evaluado tu desempeño. Viste que su salida fue tan rápida y luego se tomó unos meses, así que estoy acá para evaluar el desempeño tuyo… pero no tengo información. Lo que sí tengo son referencias de mi jefe acerca tuyo y, bueno, te conozco por comentarios… y sé que venís trabajando muy bien.
—Bueno… gracias —dijo Natalia—. Qué pena que no hayas podido hablar con él, pero en definitiva no es algo que me pasa por primera vez – respiró Natalia. Quizás era mejor empezar de cero, foja limpia con él. Continuó.
—Yo lo que quería decirte es que tengo ganas de seguir trabajando en lo que estoy haciendo ahora. Vos sabés que mi perfil es bastante técnico y en eso me encuentro cómoda, pero a la vez quiero crecer en mi posibilidad económica. Y tampoco tengo problema en tomar nuevas responsabilidades, siempre y cuando vayan acompañadas del reconocimiento que se merece. Hace más de diez años que estoy en la empresa y siempre fui comprometida y responsable con mi trabajo. Y si no lo sabés, es algo que seguramente podés averiguar. Entonces… me gustaría que eso se tenga en cuenta, en función de mi desempeño del año pasado.
—Bueno… como te comentaba, no tengo la precisión, pero sí sé que venís trabajando bien. Y con respecto a eso, mi jefe me dijo que se está abriendo un puesto de product owner… y me gustaría que consideres aplicar a ese puesto.
Natalia siempre odió el rol de product owner. Una nueva manera de disfrazar jefes, decía. Pero sabía que para crecer iba a tener que hacer concesiones, y esto era lo más parecido a técnico que existía antes del abismo de la gestión.
—¿Aplicar? —preguntó Natalia.
—Sí, es el proceso interno. Pero es para cumplir la formalidad, nomás. Se abre la posición, se postula gente, hay entrevistas… lo habitual. Pero si me confirmás ya organizo para que quedes vos más allá de que el proceso hay que hacerlo.
—Ah, entiendo. ¿Y eso es como el resultado de esta evaluación o es algo separado?
—No… es parte, o sea, es complementario. Bah, bueno la evaluación es una cosa y esto es una oportunidad que se abre. Pero si ya te damos la oportunidad de que elijás es porque venís bien ¿no? ¡Felicitaciones!
—Bueno, gracias, pero…claro. ¿Y mi rol actual? ¿Se considera que lo estoy desempeñando bien? ¿Que hay algo que mejorar? Yo estaba esperando un impacto en mi sueldo.
—No, no… en general está todo bien. No hay ningún tema puntual. Pero vos sabés, también está bueno que la gente se mueva, que crezca… Por lo de tu sueldo, sé que vos ya tuviste un incremento del tresporciento, me dijo Delia en Diciembre, pero puedo pelearte un dosporciento como reconocimiento adicional. Ojo que estoy en el límite.
—Ehh, no sé. Creo que es poco, pero no sé en realidad porque siempre suelo aceptar. Entonces ¿debería aplicar?
—Claro
—Perfecto. Lo voy a pensar. ¿Cuándo te puedo contestar?
—Lo antes posible, en estos días. Y cualquier duda que tengas con el proceso, Recursos Humanos te puede ayudar.
—Está bien, mañana te aviso… —Natalia inhaló fuerte— O mejor te confirmo ya. Si dale, avísame que hago. Gracias.
Él salió de la llamada. Quedó solo la cámara de ella. Ella se miraba a la pantalla y veía sus lentes nuevos. Tenían una semana, aún no le convencían. Por un momento pensó que estaban grabando la llamada, pero lo confirmó y no era así. No se podían grabar las evaluaciones de desempeño. Aún así dudó. Y se quedó un minuto largo mirando su cara en la cámara. No estaba tan mal. Pensó en lo que Carlos pensaría cuando miraba su cara. Sus ojos verdemarrones. ¿Seré linda en esta mierda? Pensó. Igual, siempre dudaba si era linda en general. Y sí, era muy atractiva.
Carlos llamó a Delia. Delia gestionaba las posiciones que se abrían en el área de tecnología y se encargaba del proceso de selección. Los dos se pusieron de acuerdo en el proceso ficticio con la naturalidad de quien organiza un catering. Los formularios, los plazos, la “objetividad” de la selección. En el aire flotaba eso de “igual cumplimos con el procedimiento”.
—Bueno Delia querida, quedamos así entonces. Va a ser Nati pero hagamos el proceso para que cumplamos con las auditorías.
—Obvio amigo, yo me encargo. Te aviso cuando esté publicado para que vos lo comuniqués.
—Si dale, y de paso vemos quien se postula por si se abre otra similar.
—Listo, beso.
Ya era Jueves, el día siguiente. Sonó el celular de Natalia, ella vió el número de Carlos.
—¿Hola?
—Hola Nati, soy Carlos
—Si, hola Carlos, te identifiqué por el número.
—Bueno quería confirmarte que ya está todo encaminado, el proceso lo tiene Delia y lo lanza la semana que viene. Ni bien salga te postulás. Sos la persona.
—Te agradezco Carlos, y… ¿cómo son los tiempos?
—Bueno, eso no estoy muy seguro pero vos hace el proceso y cuando aprueben todo te aviso.
—¿El equipo ya sabe de esto o de la posición?
—Ah, menos mal que lo dijiste. Esto te iba a comentar. No digas nada por favor, mantené todo en absoluto silencio, no podés decir nada.
—¿Nada?
—Si, imaginate que esto puede herir susceptibilidades. Hay gente que hace rato viene pidiendo recategorización y una oportunidad, hay que manejarlo con cuidado.
—Pero… ¿No soy candidata al puesto?
—Si Nati, pero no sos la única y vos sabés cómo se ponen todos si alguien pasa a ocupar un puesto que ellos esperaban…
—Entonces no es tan obvio que merezco el puesto
—Si, para nosotros está claro. Pero para el resto… viste como es. Siempre alguien putea y se cree mejor… en fin.
Ella se endereza incómoda, algo le duele en el cuello. Carlos continúa.
—Si, es así. Hay gente que se resiste a cambiar y no le cae bien que otros progresen.
Natalia balbucea algo mientras intenta ir hacia la cocina pensando en renovar el mate, pero está muy incómoda. Es un acto reflejo para escaparse. Carlos sigue.
—Bueno, tranquila que todo va a ir bien. Sólo mantenélo en silencio y vamos conversando. ¡Felicitaciones!
—Bueno, gracias. No sé, me siento incómoda pero será así.
—Nos vemos en la diaria de mañana, a las nueve.
—Nos vemos.
Natalia se quedó apretando el teléfono con la mano transpirada. Tenía la marca de la oreja en la pantalla del celular. No sabía si estar orgullosa o sentir culpa.
Pensó que le pasaba lo mismo con el trabajo. En general.
Se sentó a la computadora. Se acomodó los audífonos. Ya estaba por empezar la reunión de revisión de métricas. No pensaba encender la cámara.
Este cuento es ficción. Los personajes son compuestos de docenas de conversaciones reales.
Foto de Denisse Leon en Unsplash


